Terminas tu formación de Pilates con muchísima información, ejercicios, principios, correcciones y ganas de empezar. Pero cuando se acerca el momento de ponerte por primera vez delante de un grupo aparece una sensación muy diferente:

¿Y si todavía no estoy preparado para dar mi primera clase de Pilates?

Miedo a quedarte en blanco. A terminar demasiado pronto la clase que tienes programada. A no saber qué corregir. A encontrarte con un alumno que te haga una pregunta que no sabes responder. A compararte con profesores que llevan años enseñando.

Si estás en ese momento, hay algo que conviene recordar: todos los instructores de Pilates han tenido una primera clase.

La seguridad y la fluidez no aparecen al terminar una formación. Llegan con la práctica y con las horas de enseñanza. 

Primera clase de Pilates: empieza por lo sencillo

Uno de los errores que podemos cometer al empezar a enseñar es pensar que necesitamos preparar una clase especialmente creativa para demostrar todo lo que sabemos.

No es necesario.

Para tus primeras clases, prepara una programación que controles bien, con ejercicios sencillos e indicaciones claras.

Repasa los principios fundamentales, dedica tiempo a un buen calentamiento y elige ejercicios que te permitan observar fácilmente a tus alumnos.

Una clase sencilla bien enseñada puede aportarte mucha más seguridad que una programación compleja en la que tengas que dedicar toda tu atención a recordar qué ejercicio viene después.

Llevar tu clase apuntada está bien

Tu libreta puede acompañarte en tus primeras clases.

De hecho, llevar una programación preparada demuestra precisamente eso: que has dedicado tiempo a pensar qué vas a enseñar.

Como referencia, para una clase de nivel esencial puedes llegar a realizar aproximadamente entre 12 y 15 ejercicios. Al principio puedes llevar preparados algunos más —por ejemplo, 18 o 20— para tener recursos si avanzas más rápido de lo previsto.

Con el tiempo necesitarás consultar cada vez menos esa programación.

Observa antes de querer corregirlo todo

Tus primeras clases también son una oportunidad para aprender a observar.

Puedes utilizar el calentamiento y ejercicios sencillos como el puente, el gato o una serie abdominal para ver cómo se mueve cada alumno, cómo organiza la pelvis, qué ocurre con su cuello o cómo responde a tus indicaciones.

Y no necesitas detectar y corregir absolutamente todo.

Si al principio te resulta difícil explicar, observar, corregir y mantener el ritmo de la clase al mismo tiempo, empieza con correcciones generales y poco a poco incorpora intervenciones más individuales.

Hay algo mucho más importante: estar presente.

La clase es para tus alumnos, no para demostrar cuánto sabes.

Utiliza pequeñas secuencias para ganar tiempo

Una estrategia especialmente útil cuando empezamos a enseñar Pilates es utilizar pequeñas secuencias que podamos repetir dos o tres veces.

Por ejemplo, podemos combinar tres ejercicios sencillos y repetir la secuencia.

En la primera ronda explicamos y observamos. En las siguientes tendremos más oportunidades para acercarnos, corregir y prestar atención a cada persona sin perder continuamente el ritmo de la clase.

Es una herramienta sencilla que puede darte mucha tranquilidad durante tus primeras sesiones.

Para ser profesor de Pilates, sigue siendo alumno

Este es probablemente uno de los consejos más importantes.

No dejes de practicar Pilates cuando empieces a enseñarlo.

Ve a clases. Entrena con otros instructores. Observa diferentes maneras de explicar. Practica las clases que has aprendido durante tu formación.

Incluso puedes aprender tanto de un profesor cuyo estilo te encanta como de otro con el que no conectas tanto. Poco a poco irás descubriendo qué tipo de instructor quieres ser.

Y si todavía no has dado tu primera clase, practica antes con amigos, familiares o compañeros. Cada vez que explicas un ejercicio estás entrenando también tu capacidad para enseñar.

¿Y el síndrome del impostor?

Es fácil terminar una formación pensando en todo lo que todavía no sabes.

Pero prueba a cambiar el enfoque.

En lugar de pensar:

“Tengo que demostrar que soy un buen instructor de Pilates.”

Piensa:

“Voy a compartir lo que sé y a seguir aprendiendo.”

No necesitas saberlo todo para empezar.

Prepárate. Práctica. Haz una programación sencilla. Observa a tus alumnos. Sigue formándote y date tiempo para adquirir experiencia.

La soltura llegará clase a clase.

En el vídeo compartimos más consejos para afrontar tus primeras clases de Pilates y gestionar esos nervios que aparecen cuando llega el momento de empezar a enseñar.

Y si todavía estás formándote, recuerda algo importante: tu formación no termina cuando recibes el certificado. Ahí empieza una nueva etapa.

La formación es tu mejor herramienta 💚

Artículo escrito por Montse Pujol.
Marketing Digital y SEO de Pilates10 Academy.

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